Liberalización comercial a ultranza a través de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio son solo algunas de las medidas que se han venido imponiendo por parte del Banco Mundial
Pese a los avances tercermundistas, persisten enormes deficiencias y estamos a merced de las transnacionales anglosajonas. La importancia geopolítica de las materias primas, congruentes con intereses de tal naturaleza de Estados Unidos, Reino Unido e Israel, sugieren que el mundo vive una guerra alimentaria de la que saldrían “vencedores” Estados Unidos y Europa, acopiadores por excelencia a nivel global, quienes finalmente someterán a las naciones rebeldes.
Recientes eventos acaso desestabilicen profundamente el sistema geopolítico, incidiendo internamente en potenciales cambios en el equilibrio del poder.
Desde el punto de vista geopolítico, las materias primas son la esencia de todos los mercados globales, al representar activos estratégicos. Todo el Sistema Internacional puede reestructurarse por el costo y la asequibilidad a la energía, los metales y los alimentos.
Para la estabilidad política, el precio de los alimentos es más fundamental que el del petróleo. Al interrumpirse su abasto, las poblaciones sufren hambrunas y luego se rebelan, implicando un grave problema para los gobiernos.
Igualmente en los años 2007 y 2008, se produjeron alzas de los precios de los alimentos, originando una crisis alimentaria en las regiones más pobres del mundo, inestabilidad política y disturbios sociales en varios países. A ello se aúna la creciente demanda de biocombustibles en países desarrollados.
Estados Unidos y Europa, podrían “definir juntos una política alimentaria común”, instaurando un organismo paralelo a la OPEP de los granos y otros productos alimentarios. Pero ellos no padecen hambrunas, sus ingresos los hacen más aptos para manejar el impacto de los precios, que los ciudadanos de países en vías de desarrollo. Baste percatarse que detrás de las actuales revoluciones árabes patentiza el detonador alimentario global.
Tampoco necesitan crear una “OPEP de los alimentos”, ya que Estados Unidos y el Reino Unido, con sus seis trasnacionales que controlan granos y cereales en el mundo, son asiento del cártel alimentario. El organigrama lo encabezan Archer Danields Midland, Unilever, Grand Metropolitan (Pillsbury), Cargill, Cadbury.
El informe, “Gobernar para las elites: secuestro democrático y desigualdad económica” concluye que la concentración del 46% de la riqueza en manos de una minoría, supone un nivel de desigualdad “sin precedentes” que amenaza con “perpetuar las diferencias entre ricos y pobres hasta tornarlas irreversibles”.
Si se revisan los fondos no registrados, la concentración de la riqueza es mucho mayor. En gran parte de los países, la desigualdad económica crece rápidamente. La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población y la otra mitad se reparte entre el 99% restante.
Tales factores, aunados a la caída de las reservas de alimentos en el mundo y la inestabilidad provocada por especulaciones del mercado de acciones han contribuido al incremento global de los precios de los alimentos. En los países subdesarrollados, ello constituye la principal preocupación de las clases populares, unos 200 millones de personas pueden verse en riesgo por la crisis, según el presidente del Banco Mundial.
El Foro Económico Mundial, estima que esto implica un grave riesgo para el progreso de la humanidad. La desigualdad económica extrema y el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites, son muy a menudo inter-dependientes.
Liberalización comercial a ultranza a través de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio y en los acuerdos de libre comercio y las políticas de ajuste estructural, el pago de la deuda externa, la privatización de los servicios y bienes públicos son solo algunas de las medidas que se han venido imponiendo por parte del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en las últimas décadas en los países del Sur.
La falta de control en las instituciones políticas produce su debilitamiento, y los gobiernos sirven domesticadamente a las élites económicas en detrimento de la ciudadanía de a pie. Tal desigualdad no es inevitable, y debe revertirse cuanto antes.
*Diplomático, jurista y politólogo.