Se tambalea la legitimidad de un nuevo período de Gobierno de Daniel Ortega

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Los gobiernos de Cuba, Rusia, Corea del Norte, Irán y Venezuela están entre los pocos países que han felicitado a Ortega tras las cuestionadas elecciones del 7 de noviembre
Simpatizantes de Daniel Ortega durante el aniversario de la revolución sandinista, en Managua. Foto Houston Castillo, VOA.
200 años de salir adelante con optimismo

La legitimidad de un nuevo mandato de Daniel Ortega en Nicaragua se tambalea rápidamente conforme avanza el tiempo, según expertos que señalan que esto profundizaría aún más la crisis sociopolítica que se vive en el país desde las protestas contra su gobierno en 2018.

Y es que las elecciones recientes en el país centroamericano -donde el Consejo Supremo Electoral otorgó la victoria a Ortega con un 75,87% de los votos- no tienen validez según los críticos del proceso debido a que el mandatario se impuso sin competencia alguna, tras encarcelar a siete precandidatos a la presidencia.

De hecho, son pocos los países que han reconocido la victoria de Ortega en relación con los que la han rechazado, como el bloque de la Organización de Estados Americanos (OEA), que recientemente emitió una resolución que describe la votación del 7 de noviembre como un proceso “sin legitimidad” (…) “no fueron libres, justas ni transparentes”.

El rechazo se ha hecho notar con fuerza a ocho días de las elecciones, tras una serie de sanciones aplicadas por Estados Unidos junto a sus aliados, como Canadá y el Reino Unido.

Únicamente países como Cuba, Rusia, Corea del Norte, Irán y Venezuela, todos señalados por violaciones a los derechos humanos, son quienes han felicitado a Ortega en este nuevo mandato que pretende culminar en 2027.

El politólogo e investigador Manuel Orozco subraya a la Voz de América que Daniel Ortega y compañía “saben que este período es el más difícil” pues considera que “para la familia dinástica, el plan original era lograr terminar con una jubilación, pasándole el poder a Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta, para posteriormente entregar el gobierno a un miembro del partido”.

En este lapso de tiempo era que Ortega pretendía ceder el poder, pero ante el aumento inesperado de la presión internacional “la familia Ortega-Murillo recalculó su salida, basándose en los recursos que pueden manejar, tanto económicos como políticos”.

“La postura agresiva de Ortega refleja su amargura ante su creciente debilitamiento al interior de su círculo de poder, de su base leal, de la población, de la comunidad internacional”, dice Orozco.

Ilegitimidad de origen

Pero aparte de la sucesión e ilegitimidad, Ortega también enfrenta otros panoramas, valora el organismo Crisis Group, que advierte que es probable que la combinación de estrés económico y persecución política provoque la salida del país de más nicaragüenses.

Asimismo augura que ante “una elección amañada solo terminaría aislando aún más al gobierno, alejando más a la inversión privada”.

De hecho, desde 2019, el exembajador de Nicaragua en Estados Unidos y precandidato presidencial Arturo Cruz, quien se encuentra detenido en la actualidad, había advertido que el “régimen carece de legitimidad de origen” por los comicios de 2016 y sentenció que unos ulteriores procesos electorales que fueran “un fiasco”, generaría una crisis mayor.

Luis Fley, excandidato presidencial en Nicaragua, señala desde el exilio en Estados Unidos que debido a la “farsa” que se dio recientemente “se esperan tiempos difíciles con este dictador en el poder. Hambre, exilio, pobreza, cárcel, tortura, muerte; así es que, el futuro de Nicaragua está en manos de los nicaragüenses, pero necesitamos ayuda de la comunidad internacional para que ejerza la presión debida”.

Orozco ejemplifica a Ortega como otros mandatarios que en medio de su impopularidad han recurrido al uso de la fuerza con tal de aferrarse al poder.

“Robert Mugabe gobernó Zimbabue por muchas décadas a pesar de su impopularidad, porque el dictador estaba dispuesto a arruinar el país (mantener represión y estado criminal) con tal de seguir en el poder”, compara el politólogo, y agrega que “la mayoría de los regímenes autocráticos no logran sostenerse con éxito, y ya Ortega lleva dos intentos fallidos de sostenerse, primero en los ochenta, segundo desde 2011”.

“El deterioro del capital político de Ortega decae rápidamente desde la elección fraudulenta de 2016. El deterioro económico del país, con ingresos de hogares a nivel de 2016, su base popular está por el suelo”, subraya.

“Lo que sostiene al régimen en este momento es la represión y una oxigenación económica artificial, así como la inercia económica que generan las remesas familiares que mantienen directamente a sus familias”, concluye.