«Dios, que todo salga bien!»: personal sanitario en venezuela fatigado por la pandemia

0

Cinco años de formación académica en enfermería no prepararon a Hegeisa Barrera para imaginar cómo sería enfrentar una pandemia. Barrera solía atender en el servicio de otorrinolaringología del Hospital Universitario de Caracas, uno de los más grandes de Venezuela, pero cuando los pacientes con COVID-19 comenzaron a llegar y a colmar las salas de emergencia su rutina cambió.

«Yo estuve en área covid y tuvimos que hacer terapia de grupo, porque nosotros no podíamos comer durante el tiempo que estábamos ahí. A veces eran 12 horas en un área, sin comer, sin orinar, sin ni siquiera poder llorar, porque no te podías limpiar las lágrimas cuando moría un paciente».

Ser el único vínculo entre el enfermo aislado y sus familiares, ha sido para Barrera un rol que califica como “emocionalmente fuerte”.

«Leerle cada carta a los que están en área covid, que no pueden ver a sus familiares, para ver si le das un poco más de ánimo, porque muchas veces ellos saben que no van a salir de esta”, cuenta la joven enfermera mientras prepara los medicamentos que suministrará en su próxima jornada.

A pesar de seguir las medidas de higiene y estar vacunada contra el coronavirus, el miedo nunca desaparece, pues al llegar a casa, no puede bajar la guardia, por temor a contagiar a sus familiares.

«Lloras en silencio y dices: Dios, que todo salga bien».

Desde que la pandemia llegó a Venezuela, los esfuerzos se han concentrado en controlar la COVID-19. Eso, sumado a la emigración de personal sanitario, han sobrecargado de trabajo a los empleados de salud.

«Normalmente, deberían ser cuatro pacientes por cada enfermera y aquí hay unidades donde vemos hasta 10 ó 20 pacientes», explica Elizabeth Narváez, enfermera con seis años de servicio.

Para Narváez, las precariedades del país también forman parte de un coctel que termina por quebrarlos.

«Me siento cansada y decepcionada, porque yo veo que lo que estoy dando humanamente no es gratificado hacia mí. Las enfermeras ahorita estamos haciendo otro trabajo en las calles para poder venir a trabajar. Yo lo que gano quincenal son dos dólares. Con eso yo compro medio cartón de huevo», sentencia.

El psiquiatra, Luis Madrid, explica que el desbordamiento en la demanda asistencial produce el síndrome de burnout o agotamiento.

«Hay fatiga cognitiva, el individuo puede tener una relación interpersonal deshumanizada, siente que puede tirar la toalla y con muchos síntomas de ansiedad», indica Madrid.

Detalla que, en el último año, ha aumentado las consultas de médicos y enfermeros, pues están sometidos a un estrés que define como intenso y prolongado, por situaciones como la muerte de un alto número de pacientes o colegas de manera continua.

«Tienen trastornos de ansiedad y ataques de pánico, estrés postraumático, síntomas hipocondríaco, impotencia, frustración, miedo, culpa».

El especialista advierte que el personal sanitario que labora en centros sin suficientes recursos también enfrenta dilemas éticos, al tener que tomar decisiones rápidas en medio de una emergencia. Muchos de los trabajadores de la salud que ha evaluado reportan dificultad para concentrarse, pesadillas y llanto incontrolado.