Diseñan método para distinguir entre diarrea viral o bacteriana

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El procedimiento puede evitar uso de tratamientos innecesarios contra la enfermedad, como ocurre actualmente, lo que se relaciona con resistencia bacteriana

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En México no se hace una verdadera búsqueda intencionada de los patógenos que producen los casos de diarrea (virus, bacterias o parásitos). A pesar de que las diarreas son autolimitantes, normalmente si un niño acude al médico con este problema, de manera general, le dan un tratamiento con antibiótico.

Se recetan antibióticos sin saber si su origen es viral o bacteriano ya que no se realizan estudios de coprocultivo o copropasitoscópico para determinar el patógeno que la causa ni tampoco se determina si la bacteria es sensible o no al antibiótico prescrito.

Por ello, la diarrea es un problema de salud en México que afecta a niños menores de cinco años y, dependiendo de los episodios que se tengan en los dos primeros años de vida, puede tener repercusiones en su capacidad cognoscitiva; en cambio en los adultos el estatus actual del problema es prácticamente desconocido porque no se realizan ni estudio de prevalencia ni de agentes causales de diarrea.

Así, con el propósito de resolver el problema y ofrecer al personal clínico que recibe a los enfermos de diarrea una herramienta que permita identificar entre un padecimiento viral o bacteriano, María Teresa Estrada-García, investigadora del Departamento de Biomedicina Molecular del Cinvestav, inició un estudio sobre biomarcadores capaces de distinguir entre los casos de diarrea bacteria y viral.

“De alguna manera tratamos de orientar al médico si la diarrea que enfrenta es de origen viral o bacteriano, para que pueda decidir si es necesario recetar un antibiótico, porque éste es absolutamente innecesario en una diarrea viral”, sostuvo Estrada-García, quien tiene posdoctorado por la Universidad de Birmingham, Inglaterra.

El tratamiento empírico, aplicado por muchos médicos, que receta tratamientos sin saber cuál es el agente causal de la diarrea causa muchos problemas de resistencia bacteriana y los estudios de la investigadora indican que la mayoría de las bacterias ya son resistentes a los antibióticos recetados de manera tradicional (antibióticos de primera línea) para niños menores de cinco años.

Es importante monitorear el uso de antibióticos por parte de los médicos y se debe saber cuándo usar los llamados antibióticos críticos, porque se aplican sin ninguna evaluación y no existe una norma sobre su manejo en el país, por lo tanto hay una labor muy grande para hacer un mejor uso de antibióticos en los casos de diarrea que lo requieran.

Los estudios que se realizan para buscar los biomarcadores aún no obtienen respuestas concluyentes; sin embargo, sus análisis ha permitido romper dogmas, como establecer que la diarrea bacteriana sí puede causar vómito de manera importante, por ejemplo se observó que el cuadro clínico causado por los patogrupos de E. coli diarrogénica en más del 60 por ciento de los casos estuvo asociado con vómito.

En la actualidad el grupo de Estrada-García ha establecido que la diarrea aguda grave en niños menores de cinco años es causada principalmente por los patogrupos de Escherichia coli, Salmonella, Shigella, y los estudios indican que campylobacter ha disminuido de manera significativa; por eso se deben realizar estudios periódicamente para establecer cuáles son los cambios epidemiológicos de los agentes causales de diarrea

En el caso de la diarrea viral su principal agente es el rotavirus y se dice que también se presentan por una contaminación orofecal, se asocia a la época invernal y por una disminución de las bacterias por el ambiente, pero gracias a las campañas de vacunación ha disminuido su prevalencia considerablemente como agente causal de diarrea aguda grave.

El problema es que mientras disminuyen las infecciones por rotavirus empieza a surgir otro de manera importante: el norovirus, es otro patógeno que puede causar diarrea a la comunidad, “por eso es importante realizar una búsqueda intencionada de los patógenos causantes de diarrea”, aseguró la investigadora.

La exposición a los agentes diarreogénicos, en ambos casos, se puede dar por la ingesta de alimentos expuestos a contaminación fecal y en el caso de las asociadas a zoonosis ─enfermedades causadas por microorganismos presentes en animales─, cuando se consume carne contaminada.

En zonas donde no hay agua potable la contaminación de las fuentes de agua por materia fecal, de animal o de humanos, también puede ser un vehículo de contaminación de microorganismos que causan diarrea, señaló María Teresa Estrada, quien realiza sus estudios en colaboración con Mussaret Zaidi del Hospital H’Oran de Mérida, con financiamiento de los Institutos de Salud de estados Unidos

En la última década del siglo pasado, con la llegada del cólera al país se promovieron medidas higiénicas sencillas, como lavarse las manos y hervir el agua que disminuyeron las diarreas bacterianas, aunque repuntaron las de origen viral asociadas a rotavirus, pero el manejo adecuado de los alimentos como lavar, desinfectar y cocer vegetales o evitar su contaminación entre ellos disminuyen los episodios de diarrea.

Si bien por lo general las diarreas se limitan solas, aunque en algunos casos de gravedad es necesaria la hospitalización en unidades de rehidratación oral desde un día hasta varios días de permanencia y dependiendo del número de episodios que se presenten en los dos primeros años de vida, pueden estar asociadas a una disminución en la capacidad cognoscitiva o de talla de los infantes.

“No se sabe cuánto ayuda a enfrentar la diarrea el té de manzanilla, agua de arroz o consumir galletas, pero cualquier cosa que rehidrate es recomendada; análisis hechos en África sugieren que el agua de arroz por su contenido de almidón resulta buena para absorber cosas producidas por las bacterias, pero lo más adecuado es dar suero oral para mantener hidratado al niño y seguir alimentándolo”, aseguró Estrada-García.

En México, los estudios sobre la diarrea en adultos son limitados porque las personas no la reportan. En general el adulto es renuente a realizarse estudios y además les parece algo pasajero, pero si se documentaran los episodios que sufren durante un año se estima que serían más de uno. La única forma de convencer a un adulto a poner atención en la diarrea es informarles que pueden contaminar a sus familiares en casa si no toman previsiones.