La inédita propuesta de López Obrador en el Consejo de Seguridad de la ONU para conseguir un verdadero Estado de Bienestar

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200 años de salir adelante con optimismo

Escrito por Javier Buenrostro
Uno de los aspectos más conocidos del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a nivel internacional es su reticencia a viajar al extranjero. Ha declarado en varias ocasiones que la mejor política exterior es una buena política interior. En los tres años de gobierno el mandatario solo había viajado con anterioridad a Washington a una reunión bilateral con Donald Trump.

Este martes, López Obrador volvió a viajar a Estados Unidos, pero ahora al Consejo de Seguridad de la ONU en el que México asume la presidencia, posición que tuvo por última vez en 2010. Encabezar el Consejo de Seguridad después de las crisis sanitaria y económica provocadas por la pandemia, y con la discusión de cómo se reacomodarán los mercados regionales y las cadenas de suministro globales en esta reactivación, es un reto y una oportunidad para que la postura de México sea escuchada.

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Convencido que el poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás, López Obrador citó a Roosevelt y recordó que el mayor fundamento para la seguridad de todas las naciones es que todos los individuos tengan una vida libre de temores y miserias, es decir, una vida digna e inscrita en el marco de un verdadero Estado de Bienestar. Algo que el neoliberalismo se encargó de desmantelar sistemáticamente en todo el mundo.

Igualmente, López Obrador está convencido que el mayor obstáculo para acceder a este Estado de Bienestar es la corrupción. Lo cree fervorosamente para México pero también para el resto del mundo. Pero si a nivel local el problema es la corrupción y la simbiosis del poder político con el poder económico, en la escena internacional los mayores impedimentos son «los poderes transnacionales, la opulencia y la frivolidad como formas de vida de las élites; el modelo neoliberal que socializa pérdidas, privatiza ganancias y alienta el saqueo de los recursos naturales y de los bienes de pueblos y naciones».

Ante una escala de valores subvertida por el capitalismo salvaje hay que anteponer una ética de principios, dejar atrás el lujo barato y la obsesión por las cosas materiales. López Obrador muestra una sintonía en la forma de vida que el expresidente de Uruguay Pepe Mujica predicaba y que tanta admiración causó en el mundo. El mandatario mexicano y Mujica son dos estadistas cortados por la misma tijera de la austeridad y en contra de las fastuosidades. Ya lo decía el presidente uruguayo, a las personas que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política.

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López Obrador señaló que tanto el sistema de justicia como el sistema financiero internacional son parte importante de la corrupción a gran escala con todos los esquemas de evasión y defraudación donde las grandes corporaciones esconden su dinero en paraísos fiscales sin que lleguen a contribuir de manera justa. De ese dinero que no pagó impuestos se consolidan los grandes fondos de inversión o de capital de riesgo, mejor conocidos como fondos buitre, que especulan y dañan las economías nacionales y condenan a la pobreza a millones de personas para maximizar las ganancias de un puñado.

Asimismo, condenó la desigualdad y la hipocresía que ha habido por parte de farmacéuticas y algunos gobiernos que acapararon vacunas, mientras que COVAX, el mecanismo de la ONU, solo ha podido distribuir un exangüe 6 % de la vacunación a nivel global. Exhibió cómo la cooperación internacional es un concepto para discursos pero no una realidad ni un interés auténtico para los países. La barbarie del neoliberalismo nos hizo olvidar la generosidad y la empatía que debemos sentir por otro ser humano.

Un Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar

¿Qué hacer ante este panorama desolador? ¿Más discursos grandilocuentes y cumbres internacionales que no modifican la realidad ni un ápice? No. Hay que buscar que haya un verdadero Estado de Bienestar y acabar con la más exultante miseria. Como lo ha dicho López Obrador por más de treinta años, por el bien de todos, primero los pobres.

Con esto en mente, manifestó que propondrá en los próximos días a la Asamblea General de la ONU un Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar cuyo objetivo será garantizar el derecho a una vida digna a 750 millones de personas que sobreviven con menos de dos dólares diarios. Este Plan Mundial se podría financiar con fondos procedentes de tres fuentes. Una, el cobro de una contribución voluntaria anual del 4 % de sus fortunas a las mil personas más ricas del planeta. Otra sería una aportación similar por parte de las mil corporaciones privadas más importantes por su valor en el mercado mundial. Y por último, una cooperación del 0,2 % del PIB de cada uno de los países integrantes del G20. Estas tres opciones darían un fondo anual de aproximadamente un billón de dólares.

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También planteó hacer un censo y definir la población objetivo para dispersar los recursos para el otorgamiento de pensiones a adultos mayores, a niñas y niños con discapacidad; becas a estudiantes; apoyos a sembradores y a jóvenes que trabajen como aprendices en actividades productivas, así como hacer llegar vacunas y medicamentos gratuitos. Hizo énfasis en que los recursos de este fondo deberían de llegar a los beneficiarios de manera directa para evitar que las burocracias doradas engullan el presupuesto. Estabilidad y paz social para las naciones a través de la solidaridad mundial con los individuos más necesitados fue la propuesta de López Obrador.

Como lo dijo el martes López Obrador en Nueva York, en toda la historia de la ONU, este organismo nunca ha hecho algo realmente sustancial en beneficio de los pobres, pero nunca es tarde para hacer justicia. Es hora que la comunidad internacional salga de su letargo y autocomplacencia; de lo contrario, seguiremos viendo cumbres internacionales de palabras huecas y cuya única herencia real son las fotos que los líderes se toman en los lujosos salones alejados de toda la gente común y sus necesidades más apremiantes.