A 50 años de uno de los peores desastres de la historia en Nicaragua, Terremoto de Managua

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La capital nicaragüense logró resurgir de sus cenizas a través de los años. Sin embargo, aún quedan lugares que recuerdan el fatídico desastre

A 50 años de uno de los peores desastres de la historia en Nicaragua
Personas transitan por una calle devastada tras el terremoto que azotó Managua, Nicaragua, el 23 de diciembre de 1972. Foto AP.
200 años de salir adelante con optimismo

Uno de los peores desastres naturales registrados en la memoria de Nicaragua cumple este viernes 50 años: el terremoto de Managua. El hecho provocó más de 10.000 muertos, decenas de miles de heridos y damnificados, así como enormes daños materiales que dejaron a la capital del país centroamericano sumida en escombros, incendios, devastación y caos.

Apenas habían pasado unos 30 minutos del sábado 23 de diciembre de 1972 cuando la capital nicaragüense se despertó de golpe en medio de un sacudón que sembró el terror en toda la ciudad.

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Fue un sismo, recordado por los locales como brutal, terrible y traumático, que tuvo una magnitud superior a los 6 grados, y que una hora después agregó dos réplicas por encima de los 5 que destruyeron casi en su totalidad el centro de Managua.

A 50 años de uno de los peores desastres de la historia en Nicaragua
Médicos retiran los cuerpos de una mujer y sus dos hijos, el 26 de diciembre de 1972, en medio de los escombros. Foto Steve Starr, AP.

Los primeros reportes de la época reseñaron que la serie de «poderosos terremotos» habían destruido gran parte de la capital nicaragüense, derrumbaron edificios, viviendas, generaron fuertes incendios y habían dejado unos 18.000 fallecidos.

Sin embargo, ante la imposibilidad de certificar la cifra de muertes, porque muchos de los cuerpos quedaron bajo los escombros o incinerados por las llamas, se empezó a decir que el total de muertos era más de 10.000. El hecho fue catalogado como una catástrofe, sobre todo por la conmoción que causó en la población, que para la época era de unas 400.000 personas.

La dantesca escena que impuso la serie de temblores fue descrita como apocalíptica y comparada con la devastación que causaron las bombas atómicas lanzadas por EE.UU. sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

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Desesperación y caos

Tras el primer terremoto, miles de sobrevivientes que se encontraban en pijamas o ropa para dormir, corrían desesperados buscando familiares, muchos de ellos removían los escombros e intentaban entrar a las viviendas para rescatar a sus seres queridos.

También había llanto y desesperación. Mientras pasaban los minutos los cuerpos de los fallecidos, muchos de ellos mutilados, se iban amontonando en las calles, mientras los mismos residentes de la capital hacían labores de búsqueda, en su mayoría infructuosa.

Una hora después, cuando se registraron en pocos minutos las dos réplicas sísmicas, las casas que aún se mantenían en pie terminaron por caerse y, con ello, muchas personas que buscaban a sus familiares quedaron sepultadas, aumentando así el número de víctimas.

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Vista aérea de Managua, tomada el 29 de diciembre de 1972, tras el terremoto. Foto AP.

Se calculó que 70 % de Managua había quedado en ruinas. Además, las réplicas sísmicas causaron explosiones e incendios que se descontrolaron. Los servicios de agua, electricidad y comunicaciones quedaron cortados. Sin embargo, algunos sobrevivientes que eran radioaficionados fueron claves para enviar mensajes de rescate en medio de la emergencia.

El temor generado por la serie de temblores, que tuvo como epicentro el Lago Xolotlán en la falla sísmica de Tiscapa, provocaron que los residentes quisieran salir despavoridos de la ciudad. Las carreteras de entrada y salida quedaron atascadas mientras el desastre y la conmoción aumentaban.

No era la primera vez que la ciudad sufría el impacto de un movimiento telúrico. 41 años antes, el 31 de marzo de 1931, Managua experimentó su primer gran terremoto del siglo XX, que derribó gran parte de la ciudad, dejó 1.200 fallecidos, más de 2.500 heridos y 60.000 habitantes damnificados.

Incendios prolongados y apoyo internacional

Los incendios que se originaron esa noche se extendieron durante dos semanas, hasta el 6 de enero de 1973. Además, escaseaban los alimentos, el agua, las medicinas y el combustible.

La situación se tornó incontrolable debido a que los sismos partieron la principal tubería de agua potable y desplomaron los dos cuarteles del cuerpo de bomberos de Managua y las unidades de socorro quedaron bajo tierra.

El caos tuvo que esperar a la llegada de bomberos de otros departamentos como Carazo, Granada, León, Masaya y Matagalpa. Además, el fluido eléctrico se vio afectado casi en todo el país, debido a que la energía estaba centralizada en la Planta Eléctrica de Managua.

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Una excavadora empuja escombros el 28 de diciembre de 1972 tras el desastre que dejó el terremoto. Foto Steve Starr, AP.

Por su parte, las autoridades locales armaron un plan de contingencia y países cercanos como Honduras, El Salvador y Guatemala, planificaron una operación de socorro internacional para enviar suministros de ayuda vital para los sobrevivientes.

En esas labores de apoyo humanitario se fueron sumando países como México, Costa Rica, Cuba, China, la Unión Soviética, EE.UU., España, Japón, Venezuela, entre otros, que enviaron socorristas e insumos. Las actividades también fueron apoyadas por distintas personalidades.

Uno de los más recordados por los hechos después del terremoto fue el deportista puertorriqueño Roberto Clemente, exaltado al Salón de la Fama del Béisbol, quien murió en un trágico accidente aéreo el 31 de diciembre de 1972 cuando el avión en el que viajaba hacia Nicaragua para llevar ayuda humanitaria se precipitó al mar Caribe.

Una ciudad volcánica

Managua está ubicada al sur del lago Xolotlán, cerca de la costa occidental nicaragüense y dentro de la Cadena Volcánica Centroamericana.

La ciudad carga con un historial de actividad sísmica y volcánica que surge del choque y desplazamiento de dos placas tectónicas, la de Cocos, en el Pacífico, y la del Caribe.

Los movimientos sísmicos registrados se remontan hasta el 1 de mayo de 1844, cuando Managua era apenas una pequeña villa con casas de paja. De ese momento, se dicen que la fuerza de la tierra alteró los niveles de los lagos Xolotlán y Cocibolca, así como del río San Juan.

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Trabajadores revisan escombros en el centro de Managua, el 2 de abril de 1973, tres meses después del terremoto. Foto Steve Starr, AP.

Otro hecho parecido ocurrió el 11 de octubre de 1885, cuando un terremoto derrumbó varias viviendas y resultaron dañadas la iglesia San Miguel y la Parroquia de Santiago. El 29 de abril de 1898 se registró otro gran terremoto que causó daños a Managua, León, Chinandega, Granada y Rivas.

El hecho más reciente, después del terremoto de 1972, fue el 10 de abril del 2014. Un sismo de magnitud 6,2 estremeció las costas del lago Xolotlán, sin mayores daños. Además, cada cierto tiempo el piso se sacude y prende las alarmas de los residentes.

Tras aquella noche de terror, la ciudad de Managua logró resurgir de sus cenizas a través de los años. Sin embargo, aún quedan lugares que recuerdan el fatídico desastre.

Uno de estos lugares es la ‘Catedral Vieja’ de Managua, que entre sus espacios muestra el reloj del campanario, que desde el 23 de diciembre de 1972 quedó marcando las 12:35 de la madrugada, cuando toda la ciudad fue sacudida por el terremoto.