
El problema no es solamente una percepción, nos explica Maitte González Falcón Gerente de Marketing y comunicación en Tasvalúo, ya que con más de 9 años de experiencia en el sector de marketing en instituciones públicas y privadas, nos comparte que de acuerdo con el estudio Estado actual de la educación privada en México 2025, realizado entre 562 colegios privados, las instituciones laicas operan con una ocupación promedio de 72%, mientras que en los colegios religiosos el nivel desciende a 64%. Esto significa que una parte del sector mantiene entre 28% y 36% de su capacidad sin ocupar, aunque debe continuar cubriendo instalaciones, personal, servicios y otros gastos operativos.
Pero ¿qué pasa cuando una institución no cumple su meta? Si esperaba recibir 1,000 estudiantes y solamente inscribir a 400, sus ingresos disminuyen, mientras los gastos operativos continúan. Entonces comienzan los recortes de personal, la reducción de becas, la disminución de horas para los docentes y el aumento de colegiaturas para los alumnos actuales.
Este problema se repite cada ciclo escolar y genera incertidumbre, estrés y falta de recursos entre directivos, administrativos, docentes y familias.
Maitte González Falcón, gerente de Marketing de Tasvalúo, ha identificado una posible falla dentro de este ciclo constante. Uno de los puntos ciegos más frecuentes es considerar que el pago de colegiaturas debe ser el principal y en ocasiones prácticamente el único flujo de capital de una institución educativa.
Actualmente, desde el sector de la valuación, González comprende que el problema no siempre está únicamente en la falta de alumnos, sino en que muchos colegios no maximizan su operación o aprovechan todos los recursos, para aprovechar otras fuentes de ingresos y así dividir la carga, aunque las colegiaturas sean el foco principal de ingresos, podrían incluso estar a la par por ejemplo de la renta de espacios o cualquier otro flujo de capital.
“La solución no siempre debería ser aumentar las colegiaturas porque hay menos alumnos. Antes de trasladar esa presión financiera a las familias, las instituciones tendrían que conocer cuánto vale realmente su operación, qué activos están desaprovechando y qué otras fuentes de ingresos podrían desarrollar”, explica González Falcón.
Espacios que también pueden generar ingresos
Las instituciones educativas, especialmente aquellas con instalaciones amplias, pueden contar con espacios que tienen el potencial de producir ingresos adicionales. Auditorios, salas de juntas, canchas deportivas, gimnasios, albercas, estacionamientos, aulas y centros de capacitación pueden rentarse o utilizarse para brindar servicios al público general durante los horarios en los que no interfieran con las actividades académicas.
También existe la cafetería escolar, que no solamente genera ingresos por la venta de productos. En muchos casos, estos espacios son operados por empresas independientes mediante contratos de renta o concesión. Sin embargo, para aprovechar correctamente estos recursos, no basta con identificar los espacios disponibles. Es necesario conocer su valor, cuánto podrían generar y cuáles son sus costos de operación y mantenimiento.
Valuar para tomar mejores decisiones
Una valuación de negocio en marcha puede ayudar a los directivos a conocer la situación económica integral de la institución, analizar sus ingresos, gastos, activos y capacidad futura para generar beneficios. Por otra parte, un avalúo para capitalización de rentas permite analizar el potencial económico de los espacios. Con esta información, la institución puede decidir si le conviene operar directamente una cafetería, un auditorio o una instalación deportiva, rentarlos a terceros o entregarlos mediante una concesión. La valuación también es importante para proteger el patrimonio. Un colegio no solamente posee inmuebles: también cuenta con mobiliario, equipos de cómputo, laboratorios, bibliotecas, obras de arte, instalaciones deportivas y, en algunos casos, flotillas de transporte escolar.
Una valuación para aseguramiento permite establecer valores adecuados para estos activos y evitar que se encuentran subvaluados. Ante un accidente o siniestro, una cobertura insuficiente puede ocasionar pérdidas parciales o totales y obligar a la institución a realizar una inversión inesperada para reponerlos.
Asimismo, una valuación catastral puede ayudar a determinar si el colegio está pagando un impuesto correcto, mientras que una valuación de marca permite conocer el valor de su nombre, reputación y trayectoria. Esto puede ser relevante ante una venta, cesión de derechos, integración de socios o expansión.
“Una escuela no es solamente un edificio ni su número de alumnos. Es una organización que reúne inmuebles, equipamiento, transporte, tecnología, reputación y diferentes espacios con capacidad para producir valor”, señala González Falcón.
La valuación puede ayudar a que las instituciones conozcan mejor sus ingresos, protejan sus activos y decidan cuándo invertir, expandirse o mejorar sus instalaciones. En lugar de aumentar las colegiaturas como primera respuesta, los colegios pueden encontrar la solución al analizar otros puntos ciegos de su operación.
Contar con un correcto asesoramiento y una valuación integral puede transformar la incertidumbre de cada ciclo escolar en una estrategia para diversificar ingresos, proteger el patrimonio y asegurar la continuidad de la institución.