
Expertos en construcción han reavivado alertas de años: problemas con el terreno, calidad de materiales y diseño deficiente.
La Guaira, Venezuela – Las imponentes torres construidas por Hugo Chávez entre montañas y mar como símbolo de vivienda digna para los pobres ahora yacen en ruinas tras los terremotos que azotaron la costa norte del país el mes pasado.
Mientras los habitantes rebuscan entre los escombros, muchos dirigen su enojo directamente contra el gobierno, acusándolo de construir apartamentos de mala calidad con fines políticos.
Los complejos de la Misión Vivienda en La Guaira, puerta de entrada a Caracas, se convirtieron en uno de los focos más mortíferos de la tragedia. Algunos de los gigantescos edificios se derrumbaron por completo, dejando valles de polvo y destrucción. Complejos enteros que llevaban el nombre de Chávez se desplomaron como casas de juguete; algunos incluso se incendiaron.
Expertos en construcción han reavivado alertas de años: problemas con el terreno, calidad de materiales y diseño deficiente. Los planos se iniciaron en 2011, justo antes de elecciones, y la construcción se realizó con prisa, ocultando detalles al público.
Ya en 2017, el entonces presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela, Enzo Betancourt, calificó la integridad estructural de estas obras como “un secreto de Estado”.
Dos días después de los sismos, Juan Manuel Chirinos buscaba desesperadamente a su hijo entre los escombros de una torre derrumbada. “A las víctimas no las mató el terremoto, las mató el gobierno”, dijo, “porque construyeron todo mal”.
Los edificios formaban parte de la Misión Vivienda, el proyecto estrella de la revolución chavista, que prometía romper con la “lógica capitalista” del mercado inmobiliario. El gobierno de Delcy Rodríguez afirma haber construido más de 5,5 millones de viviendas, pero en La Guaira la realidad es de devastación masiva.
Aunque también colapsaron edificios privados de clase media y alta, los complejos de la Misión Vivienda destacan por el alcance de la destrucción en un megaproyecto estatal que generaba preocupación desde hace años.
Ante las críticas, un representante del gobierno de Rodríguez evitó responder sobre la calidad de estas obras. La mandataria afirmó que la mayoría de los edificios derrumbados no fueron construidos por el Estado, pero los residentes y expertos señalan lo contrario.
La tragedia ha dejado al descubierto las fallas de un ambicioso programa que, según sus críticos, priorizó cantidad y propaganda sobre seguridad y calidad.
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