INICIO CienciaLa pesquería de kril antártico se cierra anticipadamente por segundo año consecutivo, intensificando los llamamientos para proteger el Océano Austral

La pesquería de kril antártico se cierra anticipadamente por segundo año consecutivo, intensificando los llamamientos para proteger el Océano Austral

El segundo cierre anticipado consecutivo pone de manifiesto la creciente brecha entre la conservación de la Antártida y la gestión pesquera.

Por Redaccion Central

El segundo cierre anticipado consecutivo pone de manifiesto la creciente brecha entre la conservación de la Antártida y la gestión pesquera.

Por segundo año consecutivo, y apenas un día después del Día Mundial del Kril, la pesquería de kril antártico ha cerrado de forma anticipada, una clara señal de alarma de que la gestión de una de las pesquerías más grandes del mundo y de más rápido crecimiento necesita una reforma urgente.

Científicos especializados en la Antártida, reunidos en la Conferencia Open Science del Comité Científico para la Investigación Antártica (SCAR), informaron de que la pesquería cerró oficialmente el 12 de agosto de 2026, después de que la flota alcanzara el límite de captura de activación (trigger catch limit) de 620.000 toneladas, poniendo fin a la temporada varios meses antes de lo previsto por segundo año consecutivo.

El kril constituye la base de la cadena trófica del Océano Austral y sustenta a pingüinos, ballenas, focas y un sinfín de especies antárticas. Sin embargo, el esfuerzo pesquero se concentra cada vez más alrededor de la Península Antártica, donde la fauna depende de densas agregaciones de kril durante los periodos críticos de reproducción y alimentación. Aunque el volumen total de capturas sigue representando una pequeña proporción de la biomasa total estimada, la concentración de la actividad pesquera en las principales zonas de alimentación de los depredadores reduce la disponibilidad local de presas y obliga a estas especies a recorrer distancias cada vez mayores para encontrar alimento suficiente, en un contexto en el que ya sufren una presión creciente debido al cambio climático.

Precisamente por eso son tan importantes las Áreas Marinas Protegidas (AMP). Cuando están bien diseñadas, protegen las zonas donde la vida marina se concentra para alimentarse y reproducirse frente a la presión de la pesca industrial, ofreciendo a pingüinos, ballenas y focas un margen de protección mientras el cambio climático ya está reduciendo la disponibilidad de sus recursos alimentarios. Los miembros de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) acordaron ya en 2009 crear un sistema representativo de Áreas Marinas Protegidas en todo el Océano Austral. Sin embargo, desde 2016 no se ha aprobado ni una sola nueva AMP. La Península Antártica, precisamente la región donde hoy se concentra la mayor parte de la pesca de kril, continúa sin protección, pese a que la propuesta para establecer un área marina protegida lleva años sobre la mesa.

Tras la expiración, a finales de 2024, de la Medida de Conservación 51-07 de la CCRVMA, dejaron de aplicarse las salvaguardias que distribuían el esfuerzo pesquero entre cuatro zonas de gestión. Posteriormente, el propio Comité Científico de la CCRVMA concluyó que esta concentración de la actividad pesquera “no era precautoria” e instó a una reforma urgente. No obstante, en la reunión anual de la Comisión celebrada en 2025 no se alcanzó ningún acuerdo para implantar un nuevo sistema de gestión.

El cierre también se produce mientras continúan examinándose las objeciones formales presentadas por ASOC y WWF contra la recertificación de la pesquería por parte del Marine Stewardship Council (MSC), reavivando el debate sobre las afirmaciones de que esta pesquería constituye un modelo mundial de pesca sostenible.

“Dos cierres anticipados consecutivos deberían ser una llamada de atención para todas las personas que se preocupan por el futuro de la Antártida”, afirmó José María Figueres, expresidente de Costa Rica y presidente de Antarctica2030. “No se trata simplemente de alcanzar un límite de capturas. La verdadera cuestión es si la comunidad internacional está gestionando la actividad humana en uno de los últimos grandes espacios naturales del planeta con el nivel de precaución que exige la ciencia. La Antártida es un bien común global. No podemos seguir permitiendo una explotación a corto plazo mientras el sistema de gobernanza lucha por mantenerse al ritmo de unos cambios ecológicos cada vez más acelerados.”

La pesquería de kril del Océano Austral abastece principalmente a la industria de suplementos nutricionales de omega-3 y de ingredientes para piensos destinados a la acuicultura. Durante la última década, los buques de la empresa noruega Aker QRILL han representado aproximadamente el 63 % de las capturas totales de esta pesquería.

El MSC y representantes del sector pesquero sostienen que la pesquería sigue siendo sostenible porque las capturas representan únicamente una pequeña fracción de la biomasa total estimada de kril. Sin embargo, la principal preocupación científica no radica únicamente en cuánto kril se captura, sino en dónde se captura. Pingüinos, ballenas y focas dependen de las altas concentraciones locales de kril que se encuentran alrededor de sus colonias de reproducción, y no de la biomasa distribuida por todo el Océano Austral.

Los científicos también advierten de que las estimaciones actuales de biomasa se basan en estudios realizados antes de la pérdida sin precedentes del hielo marino antártico y de los rápidos cambios impulsados por el clima que están transformando los ecosistemas del Océano Austral. Persisten importantes incertidumbres sobre la abundancia y distribución del kril, así como sobre los efectos acumulativos del cambio climático y de la pesca industrial.

“El verdadero propósito de una certificación es ofrecer a los consumidores la confianza de que forman parte de la solución y no del problema”, afirmó Zac Goldsmith, exsecretario de Estado de Medio Ambiente del Reino Unido y embajador de Antarctica2030. “Cuando los propios asesores científicos del sistema de gestión reconocen que este está muy lejos de cumplir su objetivo, eso debería dar lugar a un mayor escrutinio, y no a uno menor. Esto debe ser una auténtica llamada de atención para los gobiernos miembros de la CCRVMA. El mundo no perdonará que continúen los bloqueos y la falta de acción.”

El cierre llega en un momento especialmente crítico para la fauna antártica. A principios de este año, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasificó tanto al pingüino emperador como al lobo marino antártico como especies en peligro, identificando la disminución de la disponibilidad de kril vinculada al cambio climático como un factor clave que compromete la resiliencia de los ecosistemas del Océano Austral.

Alcanzar el límite de capturas año tras año no demuestra que el sistema funcione; es una señal de alarma. Los gobiernos deben garantizar que los intereses comerciales no sustituyan la toma de decisiones intergubernamental dentro de la CCRVMA.

Los miembros de la CCRVMA, que volverán a reunirse a finales de este año, deben acordar un paquete integral de reformas que permita:

Restablecer una gestión espacial basada en el principio de precaución para evitar la concentración de la pesca en zonas críticas para la fauna.

Adoptar un sistema moderno de gestión del kril basado en el enfoque ecosistémico.

Crear el Área Marina Protegida de la Península Antártica (Dominio 1), propuesta desde hace años.

Aprobar una hoja de ruta para establecer una red representativa de Áreas Marinas Protegidas que proteja el 30 % del Océano Austral antes de 2030.

Garantizar que las decisiones de conservación sigan basándose firmemente en la ciencia independiente y en una gobernanza intergubernamental.

“La responsabilidad de proteger la Antártida recae en los gobiernos, que deben actuar colectivamente a través de la CCRVMA”, afirmó José María Figueres, expresidente de Costa Rica y presidente de Antarctica2030. “La industria tiene un papel importante que desempeñar, pero los resultados en materia de conservación deben determinarse, en última instancia, mediante una gobernanza internacional transparente y basada en la ciencia.”

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